Translate

sábado, 11 de febrero de 2017

Bullying. Víctimas asiduas

Representación de un padre abrazando a su hijo.
(FOTO: s3-us-west-1.amazonaws.com).
En el anterior artículo hablé de cómo reconocer a un agresor escolar. En esta ocasión, quiero dedicar un apartado muy especial a esas personas que sufren una discriminación o un acoso simplemente porque hay otros individuos que los infravaloran y se creen superiores a ellos.

Muchas personas en algún momento de nuestra trayectoria educativa hemos sentido en nuestras carnes como se metían con nosotros por cualquier motivo físico o porque nos consideraban diferentes. Creo que vale la pena diferenciar personas que han sufrido un “bullying momentáneo” en algún periodo corto de su vida y los que lo han sufrido de una forma más asidua e intensa.

En estos párrafos voy a intentar describir a los sujetos que llamaré “víctimas asiduas”, que son los que sufren un maltrato físico, psicológico o ambos durante un largo período de su vida estudiantil.

Con frecuencia la víctima es muy inteligente, exigente con todo lo que hace, responsable y con un autoestima baja sobre todo en el ámbito social. Cuando una persona es tímida, introvertida o, sobre todo, si tiene alguna característica física que le diferencia de los demás, es el objetivo perfecto para que algún niño, que se crea mejor, le haga la vida imposible. El nivel de ansiedad lo tiene muy alto por todas las situaciones a las que tiene que hacer frente. Los familiares pueden identificar que algo no va bien cuando el menor se muestra preocupado, intranquilo, tiene fobia a ir al colegio o si sus notas bajan notablemente.

Las victimas se pueden dividir en dos grupos: por un lado las pasivas, que son inseguras y no contestan a los ataques; y por otro las activas, que se vuelven violentas e incluso pueden adquirir el rol del agresor.

Todos los padres conocéis a vuestros hijos y cómo es su personalidad. Es complicado muchas veces detectar si tu hijo está sufriendo este ataque,   pero aquí os dejo algunos detalles que hacen saltar las alarmas de que algo no va bien:

  • Comportamientos diferentes: no quiere ir al colegio, está nervioso, no quiere salir, empieza a contestar mal y tener muchos cambios de humor.
  • Signos físicos: la ropa se le rompe y las cosas se le pierden, golpes que no sabe explicar cómo han sido o se inventa una historia para justificarlos, comienza a pedir más dinero porque puede ser chantajeado por los agresores.
  • Síntomas psicosomáticos: el estado de nervios al que esta expuesto puede provocar dolores de cabeza, gastrointestinales, problemas de sueño, etc.[1]
Después de informarme para elaborar este artículo, creo que si detectamos que un niño es victima de bullying podemos proporcionarle la ayuda profesional que necesita para reforzar su autoestima y su personalidad dejando de ser un objetivo fácil de atacar.





[1] Fuente: www.elmundo.es

sábado, 4 de febrero de 2017

Perfil de un acosador escolar

Representación de un niño riéndose de otro.
(FOTO: bancodeimagenesgratis.net).

Si tomamos el término acosador escolar como una patología más, podemos suponer que ese desajuste de la conducta tiene un perfil y un patrón de actuación. Partiendo de esta hipótesis, vamos a detallar como podemos identificar a una persona que actúa de esta manera.

Primero, vamos a comenzar por el perfil de un acosador escolar. El autoestima del niño es alto en la dimensión social, ya que suelen ser niños populares y con pocos problemas para hacer amigos. Pero tiene baja autoestima en la dimensión familiar, es decir, estos sujetos suelen formar parte de familias desestructuradas o agresivas donde solucionan los problemas con conductas poco aceptables. Y en la emocional, donde no saben gestionar las emociones que les aparecen en su vida cotidiana. Por esta razón, no canalizan la agresividad hacia ciertas situaciones o personas. 


Este tipo de individuo, por lo general, es muy carismático por lo que no tiene ninguna dificultad para conseguir que otros sujetos le admiren y le animen en su rol de líder. El intervalo de edad es de 11 – 14 años aunque se pueden encontrar casos en los que el sujeto es mucho menor, empezando su trayectoria desde los cinco años de edad.


Alguno de los motivos de esta actuación son la venganza y la envidia. La venganza puede ser provocada por una vivencia muy negativa en un grupo de pertenencia del sujeto, en el cual ha sufrido situaciones crueles y duras hacia su persona. Por su parte, el otro motivo es la envidia hacia personas, en cualquier ámbito, mejores que él; personas más listas o más fuertes. O, en resumen, cualquier ventaja que el acosador crea que no puede conseguir.

La forma de actuación empezaría en buscar a un sujeto débil y con baja autoestima social y una vez seleccionado, el acosador y su grupo empezarán con la tortura tanto psicológica como física hacia esa persona.


Como podemos ver el problema en estos individuos no es innato, por lo que detectando esta grave situación se puede buscar ayuda profesional y hacer que el niño modifique su conducta y sanamente forme parte de la sociedad.

miércoles, 1 de febrero de 2017

¿La empatía puede ayudar a disminuir el bullying?



Representación de un niño sufriendo bullying.
(FOTO: codigotlaxcala.com).

El Bullying, esa palabra que no para de escucharse en los medios de comunicación, en algunos ámbitos familiares y en general en nuestra sociedad actual. La violencia de algunos jóvenes sobre otros siempre ha sido un problema, pero, ¿ahora es más grave? O simplemente estamos más concienciados, podría ser.


La empatía es una de las soluciones que dan muchos psicólogos para erradicar el acoso escolar en los centros educativos, pero, ¿qué es la empatía? Cuando una persona empatiza con otra quiere decir que se pone en el lugar de ella para no ofenderla ni herirla ya que comprende en qué situación se encuentra y cuáles son sus sentimientos. Hay varias formas de definirla pero, a mi parecer, (Stein, 1916) lo hacía de una forma muy comprensible. Os la dejo a continuación a ver que os parece: "La empatía es un acto del conocimiento que no se confunde ni con la memoria, ni con la imaginación, ni con la percepción externa, aunque tiene que ver con ellas. En el proceso empático intervienen, a su juicio, tres momentos: el primero, es la percepción de la situación del otro, de su vivencia; el segundo, consiste en la interiorización de su vivencia y el tercer momento, se produce cuando esa vivencia ajena que he percibido en el otro se percibe como propia. Estos tres momentos se dan casi simultáneamente, pero en el orden conceptual es fundamental distinguirlos. La empatía requiere de estos tres momentos, de tal modo que la finalidad del proceso no tiene por objeto el conocimiento del otro, sino la comprensión del otro".


Creo que para poder atajar el problema desde un inicio deberíamos centrarnos en los niños más pequeños para educarlos en un respeto hacia los demás, aunque sean personas "diferentes" a ellos. Los pequeños tienen como referente a sus adultos más cercanos para saber cómo comportarse en diferentes situaciones de la vida cotidiana, pongamos un ejemplo: Un niño va con su padre con el coche, por un despiste de otro conductor se dan un golpe (el conductor del coche contrario es de raza negra). El padre tendría varias opciones de comportamiento: por un lado, sale del coche y al ver que es una persona "diferente" a su parecer decide propinarle insultos del tipo "negro de mierda, ¿en tu país no hay coches?"; por otro lado, puede decidir salir del coche y ver que es una persona exactamente igual que él y ver que se puede equivocar.


En este ejemplo, no olvidemos que su hijo se encuentra con él. En el primer caso, puede provocar que el niño crea que es superior a otras personas y en su vida cotidiana adoptará el camino de la violencia hacia el contrario sin ni siquiera intentar ponerse en su lugar y darle el beneficio de la duda. Si valoramos la segunda situación, la educación que le estamos dando al menor es mucho más positiva y verá que todas las personas merecemos el mismo respeto.

La educación es el mayor valor que nos pueden dejar como herencia nuestros familiares. Cuando un niño lo formamos en unos valores de respeto, de no violencia hacia cualquier otro ser humano y de empatizar positivamente hacia la vida en general, evitaremos que otra persona sufra su ira y crearemos una persona que aportará a la sociedad y no restará.