| Representación de un padre abrazando a su hijo. (FOTO: s3-us-west-1.amazonaws.com). |
En el anterior artículo hablé de cómo reconocer a un agresor
escolar. En esta ocasión, quiero dedicar un apartado muy especial a esas
personas que sufren una discriminación o un acoso simplemente porque hay otros
individuos que los infravaloran y se creen superiores a ellos.
Muchas personas en algún momento de nuestra trayectoria
educativa hemos sentido en nuestras carnes como se metían con nosotros por
cualquier motivo físico o porque nos consideraban diferentes. Creo que vale la
pena diferenciar personas que han sufrido un “bullying momentáneo” en algún
periodo corto de su vida y los que lo han sufrido de una forma más asidua e
intensa.
En estos párrafos voy a intentar describir a los sujetos que
llamaré “víctimas asiduas”, que son los que sufren un maltrato físico,
psicológico o ambos durante un largo período de su vida estudiantil.
Con frecuencia la víctima es muy inteligente, exigente con
todo lo que hace, responsable y con un autoestima baja sobre todo en el ámbito
social. Cuando una persona es tímida, introvertida o, sobre todo, si tiene
alguna característica física que le diferencia de los demás, es el objetivo
perfecto para que algún niño, que se crea mejor, le haga la vida imposible. El
nivel de ansiedad lo tiene muy alto por todas las situaciones a las que tiene
que hacer frente. Los familiares pueden identificar que algo no va bien cuando
el menor se muestra preocupado, intranquilo, tiene fobia a ir al colegio o si
sus notas bajan notablemente.
Las victimas se pueden dividir en dos grupos: por un lado
las pasivas, que son inseguras y no contestan a los ataques; y por otro las
activas, que se vuelven violentas e incluso pueden adquirir el rol del agresor.
Todos los padres conocéis a vuestros hijos y cómo es su
personalidad. Es complicado muchas veces detectar si tu hijo está sufriendo este
ataque, pero aquí os dejo algunos
detalles que hacen saltar las alarmas de que algo no va bien:
- Comportamientos diferentes: no quiere ir al colegio, está nervioso, no quiere salir, empieza a contestar mal y tener muchos cambios de humor.
- Signos físicos: la ropa se le rompe y las cosas se le pierden, golpes que no sabe explicar cómo han sido o se inventa una historia para justificarlos, comienza a pedir más dinero porque puede ser chantajeado por los agresores.
- Síntomas psicosomáticos: el estado de nervios al que esta expuesto puede provocar dolores de cabeza, gastrointestinales, problemas de sueño, etc.[1]
Después de informarme para elaborar este artículo, creo que
si detectamos que un niño es victima de bullying podemos proporcionarle la
ayuda profesional que necesita para reforzar su autoestima y su personalidad dejando
de ser un objetivo fácil de atacar.

