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viernes, 3 de abril de 2020

Cómo sobrellevar el confinamiento


Hoy en día, viendo los tiempos que corren, creo que es importante o necesario saber comprender las emociones de las personas que tenemos cerca e incluso comprendernos a nosotros mismos. No es malo sentir miedo, tristeza, angustia e ira hacía la situación que estamos viviendo; es completamente normal y sano hacerlo. Lo que no debemos hacer es sumergirnos en esas emociones y dejar que se apoderen de todo lo que nos rodea.

Con esto quiero decir, que es normal estar triste pero no es sano serlo. Tener esta emoción durante un rato o un día entero no pasa nada, pues es un mecanismo del cuerpo para adaptarnos al medio que nos rodea. Llorar es reconfortante y hace que ese nudo en el estomago se vaya y soltemos toda la tensión acumulada, pero siempre con medida. Si dejamos que esa emoción se apodere de nosotros cada día, entonces si pasa a ser dañina.


La tristeza y sus desencadenantes


Empezaré definiendo la palabra tristeza como lo hace el libro de Psicología de la Emoción: Es un sentimiento negativo caracterizado por un decaimiento en el estado de ánimo habitual de la persona, que se acompaña de una reducción significativa en su nivel de actividad cognitiva y conductual, y cuya experiencia subjetiva oscila entre la congoja leve y la pena intensa propia del duelo o de la depresión”.

Uno de los desencadenantes de la tristeza es la pérdida de algo que tenía un valor preciado para la persona, en este caso, hemos perdido momentáneamente muchas cosas con gran valor: la libertad de movernos, poder ver a nuestros seres queridos, el trabajo en algunos casos y, en el peor de los escenarios, se ha perdido a un ser querido del que no nos hemos podido despedir. Hay que recalcar que normalmente estos desencadenantes van acompañados de una emoción de ira y que estos dos sentimientos juntos sin ningún tipo de control pueden ser una bomba de relojería.


Maneras de enfocar la vida


La personalidad de cada uno es una variable para tener muy en cuenta a la hora de vivir esta emoción. No es igual en una persona extrovertida que en una introvertida. Incluso no es nada parecido en una persona pesimista, ya que este tipo de personas creen que las circunstancias positivas de su vida se escapan a su control y son gracias a una causa externa y las negativas son por causa propia. Dependiendo de la forma de ser de cada uno y de la forma de ver, la situación se afrontará de una manera o de otra. Pero, y es importante eso, todos podemos llegar a aprender a modificar nuestra forma de enfocar la vida.

Todos podemos cambiar los esquemas cognitivos y reflexionar cuando creamos que las emociones nos están desbordando. El auto-control y el auto-refuerzo son dos herramientas que poseemos para mantener nuestra cabeza lo más estable posible, permitiéndonos caer y volver a levantarnos. No juzgarnos a nosotros mismos por esta caída ni dejar que los demás lo hagan. Si la tristeza viene desencadenada por una situación transitoria hay que aprender a relativizar el escenario en el que vivimos, sin agobiarnos y sabiendo que ese sentimiento es pasajero.

También me gustaría destacar que, como la mayoría de las cosas en la vida, los extremos no son buenos. No es buena la auto-compasión ni el positivismo extremo, siempre hay que buscar un equilibrio.




Todo va a salir bien.

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